sábado, 27 de junio de 2026

Primera meditación desde La Granja: "Yo sé que sabemos todo"

 

Hace unos días tuve la suerte de escuchar en un interesante estado de WhatsApp, una breve entrevista en la que su protagonista afirmaba: “yo sé que sabemos todo”. Y aunque reconozco que -a nivel consciente- tiene mucha razón al afirmar que en bastantes ocasiones deberíamos enfocarnos en nuestra misión y reforzar nuestra voluntad, esa frase/significante -que diría Lacan- produjo en mi inconsciente toda una serie de interrogantes que me condujeron a esta breve meditación.

Decía Tomás de Aquino que solo en Dios coinciden el entendimiento -capacidad de saber y conocer- y la voluntad -la facultad encargada de querer y poder hacer-. En los seres humanos, por el contrario, no sólo Tomás de Aquino, sino otros muchos pensadores han estado de acuerdo en señalar el abismo que existe entre ambas facultades y las consecuencias que de ello se derivan. Y es que solo, si nos olvidamos de la “voluntad de poder” nietzscheana que bien puede conducirnos a sentirnos omnipotentes, y nos reconocemos como seres vulnerables, que fallamos y sufrimos, estaremos en condiciones de aceptar nuestras limitaciones y la necesidad de acogida y vinculación con nuestros semejantes. Todo ser humano es un ser en “falta” que desea alcanzar la plenitud, pero que puede equivocar el camino. Por eso, parece aconsejable que, si queremos reforzar la voluntad, sin estructurar una personalidad obsesiva, autosuficiente y disciplinaria, profundicemos en nuestro mundo interior, y lo aceptemos lleno de contradicciones y deseos irracionales e inconscientes. Porque precisamente solo nuestra “vulnerabilidad” nos puede conducir a la sagrada vinculación con los otros semejantes y al agradecimiento por su acogida. Demos las gracias porque existen seres queridos que nos escuchan, que nos acogen y nos ayudan a no tener que reforzar en solitario nuestra voluntad.  

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