lunes, 29 de junio de 2026

Segunda meditación desde los jardines de La Granja: “Abrir posibilidades..."

 Sobre el libro de Manuel Pérez Cornejo: "Psicoanálisis y Cine"


Decía X. Zubiri que el ser humano recibe toda una serie de tradiciones y costumbres, pero que también tiene la necesidad de construir y crear otras realidades. Siguiendo esta línea de reflexión, el último libro de Manuel Pérez Cornejo pretende abrir nuevas posibilidades de interpretación de antiguas producciones cinematográficas a la luz del psicoanálisis. Se trata, en este sentido, de un compendio práctico, ameno en su lectura, que nos explica temas centrales del pensamiento psicoanalítico como son: la sexualidad (pulsión de vida), la agresividad (pulsión de muerte), el conflicto entre lo consciente y lo inconsciente, la importancia de los sueños y la fantasía, el doble, etc., todos estos temas ilustrados con películas de distintos géneros.

A modo de ejemplo, y para animaros a su lectura, he seleccionado un texto del libro, en el que Manuel se centra en la importancia de no confundir la sexualidad -como capacidad del amar- con la genitalidad. Y es que, en efecto, esta ha sido una de las principales falsas interpretaciones del pensamiento freudiano.  Para el maestro vienes, la sexualidad es un concepto amplio que nos remite a la pulsión de vida, a la pulsión libidinal que se encuentra encarnada en todo nuestro cuerpo, y que lucha constantemente por abrirse paso y derrotar a la pulsión de muerte. La genitalidad es únicamente una de las múltiples formas de manifestación de esa pulsión de vida.

“El film musical de Alan Parker The Wall (1982), articulado sobre el disco homónimo de Pink Floyd, nos muestra claramente cómo cada represión y frustración, sobre todo sexual (entendida como capacidad de amar), se transforma en un ´ladrillo’ simbólico del impenetrable muro que termina cercando al protagonista, hasta aislarle por completo del mundo exterior, conduciéndole a una locura agresiva ….” (p. 172)

Como todos/as los que leéis este blog sois amigos/as, ya sabéis que Manuel Pérez Cornejo/Manolo es mi marido, jajajja!!!, pero no creáis que me he pasado en elogios. En octubre intentaremos hacer la presentación del libro -posiblemente en el Ateneo- y celebrarlo como hacemos siempre.

sábado, 27 de junio de 2026

Primera meditación desde La Granja: "Yo sé que sabemos todo"

 

Hace unos días tuve la suerte de escuchar en un interesante estado de WhatsApp, una breve entrevista en la que su protagonista afirmaba: “yo sé que sabemos todo”. Y aunque reconozco que -a nivel consciente- tiene mucha razón al afirmar que en bastantes ocasiones deberíamos enfocarnos en nuestra misión y reforzar nuestra voluntad, esa frase/significante -que diría Lacan- produjo en mi inconsciente toda una serie de interrogantes que me condujeron a esta breve meditación.

Decía Tomás de Aquino que solo en Dios coinciden el entendimiento -capacidad de saber y conocer- y la voluntad -la facultad encargada de querer y poder hacer-. En los seres humanos, por el contrario, no sólo Tomás de Aquino, sino otros muchos pensadores han estado de acuerdo en señalar el abismo que existe entre ambas facultades y las consecuencias que de ello se derivan. Y es que solo, si nos olvidamos de la “voluntad de poder” nietzscheana que bien puede conducirnos a sentirnos omnipotentes, y nos reconocemos como seres vulnerables, que fallamos y sufrimos, estaremos en condiciones de aceptar nuestras limitaciones y la necesidad de acogida y vinculación con nuestros semejantes. Todo ser humano es un ser en “falta” que desea alcanzar la plenitud, pero que puede equivocar el camino. Por eso, parece aconsejable que, si queremos reforzar la voluntad, sin estructurar una personalidad obsesiva, autosuficiente y disciplinaria, profundicemos en nuestro mundo interior, y lo aceptemos lleno de contradicciones y deseos irracionales e inconscientes. Porque precisamente solo nuestra “vulnerabilidad” nos puede conducir a la sagrada vinculación con los otros semejantes y al agradecimiento por su acogida. Demos las gracias porque existen seres queridos que nos escuchan, que nos acogen y nos ayudan a no tener que reforzar en solitario nuestra voluntad.